El VIENTO NÓRDICO
Por: Estefanía Pinedo.
Esta es la historia de una mujer sueca que recorrió el mundo en un velero, Eva Kullgren, quién en la pasada entrevista nos contó de su viaje en bicicleta por Uruguay. Ahora nos habla de su más grande aventura, esta vez, en el mar.
Todo comenzó en Estocolmo, hace 20 años, a bordo de un velero Volvo Penta, de 28 pies modelo 1967.
El recorrido comenzó bajando desde la costa sueca a Polonia, llegando luego, a través de canales y ríos a Berlín. Esta primera parte del recorrido llenó de emoción a Eva, quién no tardó en alistar las velas y continuar su travesía.
Siguió navegando por el Rin hasta el Norte de Alemania, deleitándose con castillos y naturaleza propia del paisaje local.
Pasando por el Danubio, el Mar Negro, el Mediterráneo, Islas Canarias, Cabo Verde, cruzó el charco y llegó a Brasil, navegando el Amazonas. En el Río Tapajós, se encontró con indígenas que nunca en su vida habían visto un velero. No lo podían creer, nos comenta Eva. Hay una foto en el museo de ese remoto lugar, inmortalizando esa gran hazaña.
Ella sueña con volver, y recordar ese gran día en el que se convirtió, en la primera mujer en navegar el Amazonas.
Sin embargo, en esta aventura también existieron muchos retos, el primero de ellos fue el viento. Del que se hizo amiga, dice Eva, pero el motor y ella nunca lograron entenderse. Porque con el viento, esperas. El sopla y marca un recorrido, pero con el motor, nunca sabes qué va a pasar.
Otro de los retos a veces era la soledad, y las largas horas sin dormir, pendiente de no perder el rumbo. En esa época, comenta Eva, no contaba con tecnología, solo se guiaba con una brújula. Era más instinto, precisión y un toque de necesaria buena suerte.
Recuerda también, la hazaña de detener la embarcación sin tener un timón, esto fue llegando a las Bahamas, usando un timón de viento, que logró funcionar. Una improvisación astuta de nuestra navegante, una maniobra que logró detener la embarcación, hasta llegar a la costa, donde pudo llegar a tierra.
Gracias a este incidente, tuvo que decirle adiós a Olina, como llamaba Eva a su velero, mientras el tiempo se encargaba de que se sumergiera en el mar. Olina, hoy un nombre que recuerda con mucha añoranza.
Esa embarcación en la que recorrió el mundo hoy es su inspiración para que su nieto, al cual le enseña a navegar y sufre de Síndrome de Down, pueda viajar con ella y cumplir un sueño de navegar juntos.
Cuando hablas con Eva, te das cuenta que hablas con una persona auténtica, una mujer sin tapujos, segura de sí misma y con un claro mensaje de individualidad, que te inspira a luchar por tus ideales. Y te enseña que las limitaciones, solo existen en nuestra mente.
Esta es la historia de una mujer sueca que recorrió el mundo en un velero, Eva Kullgren, quién en la pasada entrevista nos contó de su viaje en bicicleta por Uruguay. Ahora nos habla de su más grande aventura, esta vez, en el mar.
Todo comenzó en Estocolmo, hace 20 años, a bordo de un velero Volvo Penta, de 28 pies modelo 1967.
El recorrido comenzó bajando desde la costa sueca a Polonia, llegando luego, a través de canales y ríos a Berlín. Esta primera parte del recorrido llenó de emoción a Eva, quién no tardó en alistar las velas y continuar su travesía.
Siguió navegando por el Rin hasta el Norte de Alemania, deleitándose con castillos y naturaleza propia del paisaje local.
Pasando por el Danubio, el Mar Negro, el Mediterráneo, Islas Canarias, Cabo Verde, cruzó el charco y llegó a Brasil, navegando el Amazonas. En el Río Tapajós, se encontró con indígenas que nunca en su vida habían visto un velero. No lo podían creer, nos comenta Eva. Hay una foto en el museo de ese remoto lugar, inmortalizando esa gran hazaña.
Ella sueña con volver, y recordar ese gran día en el que se convirtió, en la primera mujer en navegar el Amazonas.
Sin embargo, en esta aventura también existieron muchos retos, el primero de ellos fue el viento. Del que se hizo amiga, dice Eva, pero el motor y ella nunca lograron entenderse. Porque con el viento, esperas. El sopla y marca un recorrido, pero con el motor, nunca sabes qué va a pasar.
Otro de los retos a veces era la soledad, y las largas horas sin dormir, pendiente de no perder el rumbo. En esa época, comenta Eva, no contaba con tecnología, solo se guiaba con una brújula. Era más instinto, precisión y un toque de necesaria buena suerte.
Recuerda también, la hazaña de detener la embarcación sin tener un timón, esto fue llegando a las Bahamas, usando un timón de viento, que logró funcionar. Una improvisación astuta de nuestra navegante, una maniobra que logró detener la embarcación, hasta llegar a la costa, donde pudo llegar a tierra.
Gracias a este incidente, tuvo que decirle adiós a Olina, como llamaba Eva a su velero, mientras el tiempo se encargaba de que se sumergiera en el mar. Olina, hoy un nombre que recuerda con mucha añoranza.
Esa embarcación en la que recorrió el mundo hoy es su inspiración para que su nieto, al cual le enseña a navegar y sufre de Síndrome de Down, pueda viajar con ella y cumplir un sueño de navegar juntos.
Cuando hablas con Eva, te das cuenta que hablas con una persona auténtica, una mujer sin tapujos, segura de sí misma y con un claro mensaje de individualidad, que te inspira a luchar por tus ideales. Y te enseña que las limitaciones, solo existen en nuestra mente.

